Descubriendo los Colores de la Historia: Un Viaje a los Pueblos Negros de Segovia

Al abrigo de la majestuosa Sierra de Ayllón, se despliega un tapiz de historias y colores en los Pueblos Negros y Rojos de Segovia. Esta travesía inicia en la encantadora villa de Riaza, avanzando hacia la histórica Ayllón, cada paso es una invitación a sumergirse en una estancia rural única, bajo la mirada vigilante del Puerto de La Quesera.

Aquí, la naturaleza y la arquitectura se funden en una paleta de rojos y negros, ofreciendo al viajero una experiencia caleidoscópica que rebosa de vida y tradición.

Al explorar estas localidades, uno se sumerge en un mundo donde cada calle cuenta una historia, cada fachada es un lienzo. Para los aventureros que deseen empaparse de esta rica herencia cultural, proponemos dos rutas: la primera, de Ayllón a Grado del Pico, serpentea junto al sereno nacimiento del río Aguisejo; la segunda, desde Riaza hasta El Negredo, es una oda a los Pueblos Rojos y Negros, donde cada rincón es un descubrimiento.

Prepárese para una aventura que no solo deleitará sus sentidos, sino que también enriquecerá su alma con el legado de una tierra vibrante y llena de historias por contar.

Riaza a El Negredo

Riaza a El Negredo, conocidos como los Pueblos Negros, son un conjunto de aldeas únicas en España, destacadas por su distintiva arquitectura y entornos naturales. Entre los Pueblos Rojos, Madriguera y Villacorta sobresalen por sus construcciones hechas con tierra ferruginosa, otorgándoles un característico color rojo. Por otro lado, en los Pueblos Negros, El Muyo se distingue por sus edificaciones en pizarra, ubicado ya en la falda de la sierra, lo que le da un tono oscuro característico.

Riaza a El Negredo pueblos negros segovia

Estos pueblos están rodeados de espacios naturales de gran valor. Uno de ellos es el Hayedo de La Pedrosa, una reserva natural que alberga casi 2.000 hayas, un verdadero paraíso para los amantes de la naturaleza y el senderismo. La belleza de este bosque, con sus árboles centenarios y sus tranquilos senderos, ofrece un refugio perfecto para desconectar del bullicio cotidiano y conectarse con la naturaleza.

El atractivo de la zona no se limita solo a su patrimonio natural y arquitectónico. La región es también un destino ideal para el turismo activo. Los visitantes pueden disfrutar de deportes en La Pinilla, realizar excursiones en bicicleta, practicar senderismo o montar a caballo por los paisajes rurales circundantes. Además, la ermita del Padre Eterno, cercana a Villacorta y perteneciente a Estebanvela, ofrece un interés cultural y espiritual, siendo un sitio perfecto para una parada tranquila y reflexiva.

Muyo

El Muyo, destacado por ser la localidad más característica de los Pueblos Negros de nuestra provincia, obtiene su distintivo color negro del uso de la pizarra como material principal en sus construcciones. Este encantador grupo de localidades, ubicado en la Sierra de Ayllón, forma parte de una región única junto a los Pueblos Rojos.

Muyo pueblos negros

En El Muyo, los visitantes se encuentran con un pueblo que, aunque estuvo casi abandonado, está resurgiendo gracias a la restauración de sus casas. Este renacimiento se debe a aquellos que buscan tranquilidad y naturaleza lejos de los grandes centros urbanos. Pasear por El Muyo es como retroceder en el tiempo, con calles donde el asfalto aún no ha llegado y una arquitectura que habla de una era pasada. La espadaña de la iglesia, dedicada a los mártires San Cornelio y San Cipriano, se alza imponente sobre las casas de planta baja del pueblo. Del interior de la iglesia, es notable el retablo a los mártires, recientemente restaurado.

Junto a Serracín, Becerril y El Negredo, El Muyo forma parte de los Pueblos Negros, todos administrativamente pertenecientes al Ayuntamiento de Riaza. Esta región, incluyendo tanto a los Pueblos Rojos como a los Negros, representa un destino imprescindible para los amantes de lo rural. Es un lugar ideal para quienes disfrutan de pasear tranquilamente y apreciar detalles que nos transportan a tiempos pasados, ofreciendo una experiencia única en la tranquilidad del campo.

Pueblos Amarillos y Rojos

En el año 2000, Becerril tenía 16 habitantes, El Muyo tenía 9 y Serracín estaba deshabitado. Hoy, las cosas no han cambiado demasiado y, a pesar de que se intuye un cierto resurgimiento de la vida en los pueblos, fundamentalmente gracias al turismo rural, apenas se aprecian nuevos asentamientos en este remoto rincón de la provincia de Segovia.

Situados a los pies de la Sierra de Ayllón, entre el puerto de la Quesera y el Collado de Puerto Infante, limitan al sur con la provincia de Guadalajara y con la Sierra de Pela al nordeste, en la provincia de Soria.

Al igual que en los pueblos del valle, sobreviven en las zonas más altas de sus cumbres, en las laderas más umbrías, verdaderos tesoros botánicos. El hayedo de la Pedrosa en su vertiente segoviana o el de la Tejera Negra, declarado Parque Natural, en su vertiente guadalajareña y el reducto de tejos de Becerril nos hablan de otros tiempos donde el clima era posiblemente más frío y las montañas estaban cubiertas de otro tipo de vegetación. Durante siglos, milenios, posiblemente millones de años han estado presentes en estas sierras. Hoy un pequeñísimo número de ejemplares han sobrevivido al paso del tiempo, al cambio de las estaciones, a la desaparición de los glaciares, a los incendios y sobre todo a las hachas de los hombres.

También en los pueblos de Becerril, El Muyo y Serracín, los hombres, un reducidísimo grupo de ellos, se aferran a las casas de sus antepasados hechas de pizarra, lo que les da un inconfundible y bellísimo color casi negro.

La espadaña de la iglesia de Serracín se yergue orgullosa contra el cielo. En la distancia se aprecian los huecos donde antaño tañían las campanas. Al caer la tarde de otoño los pasos resuenan en las solitarias calles, mudas, frías y un terrible sentimiento de nostalgia llena el aire. Me pregunto qué será de los tejos, de las hayas, de los pueblos y las gentes que todavía habitan dentro de cien años…

Al concluir nuestro viaje por los Pueblos Negros y Rojos de Segovia, nos llevamos más que recuerdos visuales de su distintiva arquitectura y paisajes naturales. Hemos caminado por calles que narran siglos de historia, bajo la sombra de la Sierra de Ayllón, y hemos sentido la vibrante conexión entre la naturaleza y la cultura local. Desde la serena belleza de Riaza hasta la rica herencia de Ayllón, cada pueblo ha revelado una parte de su alma, mostrándonos cómo la vida se entreteje con colores y tradiciones.

Esta experiencia no solo es un viaje a través de la geografía, sino también un viaje a través del tiempo y del espíritu humano. Los Pueblos Rojos y Negros son testigos mudos de una rica historia y nos recuerdan la importancia de preservar nuestro patrimonio. Al despedirnos de estas localidades, nos llevamos una profunda apreciación por su singular belleza y un renovado sentido de admiración por las pequeñas comunidades que conservan vivas las tradiciones de generaciones. Segovia, con sus pueblos de colores, no solo es un destino, sino un relato viviente, un caleidoscopio de la historia de España que sigue cautivando corazones y mentes.

Olalla Senlle

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